¿Por qué tengo acidez si tomo omeprazol? El verdadero origen del ardor gástrico

El verdadero origen de la acidez: cuando el problema no es el ácido, sino la mucosa

Durante años, los inhibidores de la bomba de protones (IBP), como el omeprazol, se han convertido en una herramienta común ante cualquier molestia digestiva.

Sin embargo, en la práctica clínica, observamos que la mayoría de los casos de “acidez” no se deben a un exceso de ácido gástrico, sino, paradójicamente, a su déficit.

Hipoacidez y mucosa debilitada: un círculo vicioso

Cuando la secreción de ácido clorhídrico disminuye, los alimentos permanecen más tiempo en el estómago, favoreciendo fermentaciones y distensión gástrica.

Esa presión desencadena una liberación intermitente de ácido —“rafaguitas”, como pequeños relámpagos— que ascienden hacia el esófago y generan la sensación de quemazón.

Pero en realidad, el problema no es un exceso de ácido, sino una mucosa irritada y una función digestiva desregulada.

Esta situación suele acompañarse de:

  • Estrés mantenido, que reduce la actividad vagal y la secreción ácida.
  • Disbiosis intestinal.
  • Déficit de micronutrientes esenciales para la regeneración epitelial (zinc, vitamina A, glutamina).
  • Consumo habitual de café (sobre todo torrefacto y solubles), alcohol o ultraprocesados.


El resultado:
una mucosa gástrica frágil, inflamable y más sensible incluso a niveles normales de ácido.

Restaurar la mucosa antes de estimular el ácido

En este contexto, introducir alimentos o suplementos ácidos directamente —como vinagre o betaina HCl— puede irritar aún más la mucosa si no está previamente reparada.

El abordaje más eficaz es secuencial y progresivo:

1/ Fase de reparación mucosa

    • Aloe vera (puro, sin aloína) con efecto demulcente.
    • Infusiones de regaliz (DGL) y malvavisco para calmar la mucosa.
    • Caldo de huesos, gelatinas naturales o colágeno hidrolizado para favorecer la regeneración del epitelio.
    • Dieta con cocciones suaves, evitando picantes, café, alcohol y cítricos.
    • Gestión del estrés parasimpático (respiración, pausas antes de comer, entorno tranquilo). Siempre os recomiendo música de 432 Hz comiendo.


2/ Fase de estimulación digestiva suave

    • Introducir amargos naturales (rúcula, escarola, endivias, alcachofa).
    • Añadir pequeñas dosis de vinagre de manzana diluido, siempre tras mejorar la tolerancia.
    • Favorecer el ritmo digestivo con masticación consciente y comidas sin distracciones.


3/ Fase de reactivación funcional

    • A medida que la mucosa se fortalece y la digestión mejora, los alimentos dejan de “atascarse” en el estómago.
    • Las enzimas digestivas se activan de forma fisiológica, el tránsito se regula y la sensación de acidez desaparece de raíz, sin necesidad de IBP.


Durante ese proceso, si tu profesional de la salud (nutricionista, PNI o digestivo) te lo recomiendan puedes acompañar la última fase de enzimas con HCL betaína en cantidad totalmente personalizada según tu caso. 

Por qué los IBP perpetúan el problema

El uso crónico de IBP reduce aún más la acidez fisiológica, dificultando la digestión proteica, la absorción de micronutrientes y la regeneración de la mucosa.

Además, al elevar el pH gástrico, se altera la barrera antimicrobiana y se favorece el sobrecrecimiento bacteriano en intestino delgado (SIBO).

Por eso, su uso debe limitarse a indicaciones concretas y temporales, y siempre acompañado de un plan de retirada progresiva supervisado.

En resumen

La sensación de acidez no siempre implica exceso de ácido, sino un desequilibrio multifactorial donde la mucosa y el contexto digestivo juegan un papel clave.

Antes de suprimir el ácido, debemos reparar, reeducar y reactivar.

💚 El estómago no necesita silencio químico.

Necesita una mucosa fuerte, un entorno tranquilo y una digestión que funcione como debe.

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